lunes, 2 de abril de 2018

Viaje a Mérida - Emérita, el corazón de un sueño (26 y 27 marzo)

Mérida recibió a los alumnos de Humanidades y a sus familias con sus mejores galas:el tiempo, inmejorable; el azul intenso y profundo de su cielo y la hospitalidad de sus gentes.

Nada más llegar, los alumnos se pusieron a trabajar. Primera parada: el Teatro. Allí, no solamente se disfrutó de esa joya. Además, el Director del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, D. Félix Palma García, nos estaba esperando. Los alumnos le entrevistaron durante una hora y atentos a sus sabias y bellas palabras descubrieron la relación estrecha de las Clásicas y la Arqueología.

Los alumnos entrevistaron al Director del Consorcio de la 
Ciudad Monumental de Mérida, D. Félix Palma 
Tras despedirnos del Director del Consorcio, en ese lugar tan privilegiado, tuvo lugar una clase magistral del Teatro Clásico, por parte de los alumnos a sus familiares y, posteriormente, se les hizo entrega a los alumnos de los Diplomas que obtuvieron por sus resultados obtenidos en la Prueba Europea “Vestibulum”.

Visitadas la Casa del Teatro y el Anfiteatro, fuimos a reponer fuerzas en un restaurante cercano, pues la tarde iba a ser larga y no menor la caminata. Llegando hasta la Alcazaba para visitar su espléndido aljibe y tomar las preciosas imágenes que se ven desde lo alto de sus murallas, continuamos nuestra ruta, dejando atrás la réplica de la loba Capitolina, el complejo de Morería y la conocida estatua de Augusto para atravesar el Puente Lusitania y regresar por el Puente Romano para ver su pícaro símbolo de la prosperidad.

Después de experimentar la paz que aportaba el paseo por la ribera del Guadiana, nos adentramos en el bullicio del centro de la ciudad, que ya estaba engalanada para recibir la procesión en la que Jesús de Medinaceli y otros pasos saldrían aquella misma noche. Después de hacerle una breve visita, continuamos para ver el Arco de Trajano, y atravesamos el Decumanus Maximus, hoy la calle principal de Santa Eulalia, la santa niña de Mérida, para contemplar el maravilloso templo, aunque mal llamado de Diana y el Foro. Rendidos y sin sentir ya las piernas, llegamos a nuestro restaurante para disfrutar del descanso, el alimento y poder llegar hasta nuestro hotel, que no podía tener nombre más clásico: Zeus.

Al día siguiente, a primera hora de la mañana, nos esperaba Antonio, que nos enseñaría el Museo de Arte Romano, sin dejarse ninguna pieza. Desde las 9:30 hasta las 13:00, estuvimos extasiados con las maravillas de este museo. Exhaustos, pero con una alegría inmensa fuimos a comer y a encontrarnos con nuestra última parada antes de la venida a Madrid: el Parque Natural de Cornalvo.

Primero, estuvimos en el Centro de Interpretación, donde Mercedes, nos enseñó todas las salas donde pudimos ver y escuchar a un sin fin de animales que habitan el Parque y, finalmente, Raúl, nos llevó al interior del Parque, donde pudimos ver la Presa Romana y, sobre todo, compartir el camino en medio de la naturaleza, en la que estaba presente la paz y la alegría, que se reflejó con el broche de oro del viaje, la escucha del Cántico del Hermano Sol.

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